Tu cuerpo está cansado, pero tu cabeza está en una junta que nadie convocó. Repasas lo que dijiste. Lo que no dijiste. Lo que puede salir mal mañana. Y entre más intentas dormir, más fuerte se pone.
Te cuento algo que aprendí en casi 40 años de meditar: a la mente no se le apaga a la fuerza. Pelearte con ella es echarle gasolina al fuego.
Lo que sí puedes hacer es bajarle el volumen.
Esto no es un curso. Es un botiquín. Cinco herramientas cortas que puedes usar en la cama, en el coche estacionado o en el baño de la oficina. No necesitas experiencia, ni música, ni silencio perfecto. Solo acordarte de que están aquí.
Tú no eres tu mente. Tú eres el que la observa.
La primera vez, úsalas en orden. Después, quédate con las que mejor te funcionen.